Su casco histórico sigue siendo el de los nobles edificios ilustrados en las fachadas por los escudos de sus fundadores, pequeñas calles flanqueadas por las viviendas de los marineros, iglesias románicas, casas de piedra labrada en el más puro barroco. Los canteros hicieron durante siglos un espléndido trabajo en la vieja Baiona de la que hoy día goza el viajero cuando, por un momento, deja el paseo marítimo y se pierde por el pasado que representan las estrechas callejuelas de la Baiona que comenzó a florecer a partir del siglo XV y que lleva con motivo la declaración de conjunto histórico-artístico.

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Breve Historia.

Se atribuye la fundación de Baiona a Diomedes de Etolia, hijo del fundador de Tui. Cuando los romanos invadieron a mediados del siglo II A.C. la Península Ibérica intentaron tomar también Baiona, cosa que impidió el caudillo lusitano Viriato. Un siglo más tarde Julio César organizó aquí a su ejército para expulsar a los herminios de las islas Cíes.

Fecha clave en su historia es el año de 1201, cuando Alfonso IX de León concede a la antigua Erizana el nombre de Baiona y le otorga privilegios para el comercio marítimo. Así se desvinculó del monasterio de Oia y comenzó su carrera para convertirse en una de las villas costeras más importantes de Galicia.

Por su valor estratégico fue atacada en el siglo XIV por portugueses e ingleses, conflictos que la arruinan, hasta que en 1425 vuelve a cobrar impulso cuando Juan II decide que Baiona concerderla a su puerto la capacidad para importar y exportar mercadurías.

En ese siglo fue también escenario de las luchas feudales gallegas, pero su momento glorioso le llega al final del mismo, en 1493, cuando arriba a su puerto la Carabela Pinta, convirtiéndolo en el primer lugar de Europa que conoce el descubrimiento de América. En 1497 los Reyes Católicos conceden a la Villa numerosos privilegios y ordenan a la población vivir dentro de la fortaleza de Monte Boi.

En el siglo XVI, época de gran esplendor, volvió a ser asediada por flotas enemigas, entre ellas la del pirata inglés Drake, que fue ahuyentado de esta bahía por el conde de Gondomar. En los dos siglos siguientes siguió sufriendo ataques.


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